lunes, 31 de mayo de 2010

Despidiéndose





















A Ana, agradecido



Le cubrió el rostro con un pañuelo
luego de mirarlo largamente
retomando las miradas pasadas,
para no olvidarlo.
Tomó la pala y comenzó a taparlo
de a poquita tierra, para hacerlo largo.

Se estaba quedando sólo, despidiendo muertos;
regando retoños, hasta su despedida.
(Pues la jodida vida ya al hacer te va matando)
Sólo.
Cuidador de tumbas,
deshojador de recuerdos,
pastor de nostalgias.
Se le fueron yendo eternos amores,
amistades permanentes,
acuerdos durables.
Y en su alma otros cerrarían su puerta:
´Corrientes, el buzón, esa baldosa...
Ya no castillos ni torres, sólo naipes y alfileres

La última palada inició la despedida.
A pasos opacos se iba yendo.
Una luz en su hombro, lo llamaba
No te despidas -le dijo-,
las utopías no mueren.


© Carlos Adalberto Fernández

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